jueves, 10 de junio de 2010

El próximo jueves 17 tendremos el segundo debate, en este caso se trata de "La burguesía terrateniente" y quién coordinará el debate y ha hecho la síntesis del libro es Sonia Nuñez. Podemos encontrar la síntesis a continuación....

La burguesía terrateniente. Argentina 1810-1945. De Roy Hora. Clave para todos.

Roy Hora: Profesor de historia por la Universidad de Buenos Aires (1991), Doctor en Historia por la Universidad de Oxford (1998). Investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones científicas, actualmente es Profesor Visitante en la Universidad de San Andrés.

Introducción.
En las épocas de apogeo de la Argentina del ganado y de las mieses, cuando el sector agrario constituía el motor que daba impulso a toda la actividad económica del país.
La fortuna de las grandes familias de la elite rural argentina de comienzos del siglo XX alcanzaba a poseer más de 200 mil hectáreas de tierra en la pampa. Ganaban fama de opulencia en las principales capitales de Europa.
El pensamiento socialista y revisionista colocó a este grupo en un papel protagónico desde la Revolución de Mayo de 1810 hasta la emergencia del movimiento de masas que llevó a Perón al gobierno en 1946.
En el siglo XX el juicio popular sobre los grupos económica y socialmente dominantes fue negativo, la imagen de la elite terrateniente como un grupo parásito y egoísta, que vivía una vida de lujo y derroche, estaba destinada a perdurar.
El relato que aquí se expone tiene por objeto ofrecer una visión de la trayectoria histórica de los grupos terratenientes pampeanos.
DE MAYO A CASEROS
El proceso de formación del empresariado rural se inició luego de la Revolución de Mayo. Hasta 1810 la producción agraria ocupaba un lugar marginal en la economía del Virreinato de Rio de la Plata, el desarrollo de la economía estaba localizada en torno a la minería del Alto y Bajo Perù.
En el siglo XVIII la política de liberalización económica llevada a cabo por los reyes Borbones tuvo efectos limitados sobre la producción agropecuaria rioplatense. Buenos Aires se convierte en el nudo comercial de primer orden, articulando el Alto Perù hasta el Paraguay. La Revolución de Mayo cambió este panorama, las elites mercantiles porteñas perdieron el control de los circuitos comerciales que iban hasta el Perù. Con la apertura comercial, comerciantes extranjeros disputaron el control del comercio de importación y exportación en la propia Buenos aires y el dominio de los circuitos mercantiles del interior de Argentina. Se produce una avalancha de productos importados. El mercado mundial reclama productos pecuarios (en primer lugar cueros). Los capitalistas rioplatenses comenzaron a volcar parte de su capital hacia la producción rural.
Las exportaciones de cuero se multiplicaron por diez, la región se convirtió en uno de los mayores exportadores de este producto a escala internacional.
Los empresarios siguieron conservando intereses en otras esferas, que pesaban tanto o más que sus nuevas inversiones rurales.
Por la profunda inestabilidad política la economía de exportación se vio afectada por bloqueos y conflictos bélicos. Un contexto tan inestable aconsejaba no depender de una única fuente de ingresos, por más atractiva y dinámica que ésta fuera. El empresario debía diversificarse, dispersar activos en distintas actividades para minimizar los riesgos.
Los grandes capitalistas no se percibían como integrantes de una clase terrateniente, se consideraban miembros de la elite urbana, rara vez visitaban sus propiedades de campaña.
A diferencia de otras clases terratenientes europeas o latinoamericanas a los estancieros pampeanos les interesaba más organizar explotaciones rentables que ejercer papeles de liderazgo político o social.
La economía rural rioplatense se caracterizaba por la abundancia relativa de tierras y la escasez de capital y trabajo. Mientras que la abundancia de tierra hizo que el precio del suelo se mantuviera bajo por muchas décadas, los niveles salariales eran comparativamente altos.
El desarrollo de la agricultura granífera debería esperar hasta fines de del siglo XIX, cuando la inmigración masiva y la innovación tecnológica en el proceso de producción (mecanización agrícola) y la baja de los costos de transporte internacional (ferrocarriles, barco de vapor y de hierro) la volvieron económicamente viable.
La cría de hacienda criolla con el fin de obtener cueros, tasajo, sebo, etc., requería poca fuerza de trabajo e inversión de capital en infraestructura.
La abundancia de tierra dio lugar a la supervivencia de pequeños y medianos productores que se hallaban en condiciones de movilizar fuerza de trabajo familiar. La coexistencia de emprendimientos familiares y grandes propiedades demuestra que la pampa estaba lejos de ser una sociedad polarizada.
El apoyo que el estado prestó a la expansión ganadera y territorial contribuyó a consolidar a la gran propiedad como un elemento característico del paisaje pampeano. Ello no se debía, al hecho de que el estado estuviese dominado por representantes de la clase terrateniente, sino al impacto de la revolución de independencia donde el fisco de Buenos Aires pierde los impuestos provenientes de la minería, la producción agropecuaria fue la única capaz de reorganizar tanto la economía como la fiscalidad. Así, la relación entre finanzas estatales y la expansión de la economía de exportación se tornó estrecha.


DE CASEROS AL CENTENERIO
La aceleración del proceso de industrialización en los países del Atlántico Norte dio mayor impulso al desarrollo del mercado mundial para productos primarios. La economía rural creció más rápido y comenzó a girar en torno a la producción lanar, que desplazó al cuero del primer puesto en las exportaciones del país. La cría de ovinos, más delicados requerían mayores cuidados que los vacunos, obligó a los estancieros a incrementar las erogaciones en infraestructura y en fuerza de trabajo y a desarrollar nuevas destrezas empresariales. El lanar trajo como consecuencia una intensa modernización, fuertes cambios sociales, arribo de trabajadores europeos.
La baja de los costos del transporte marítimo, puso al mercado consumidor europeo al alcance de las carnes argentinas. En principio, la hacienda comenzó a exportarse viva hasta el perfeccionamiento del barco frigorífico. Nuevos inventos como el alambrado y el molino de viento facilitaron el desarrollo de la actividad. Finalmente la necesidad de mejorar las pasturas, se invirtió en praderas artificiales que hicieron posible la agricultura cerealera de gran escala.
La pequeña o mediana propiedad familiar arrentaba lotes a los dueños del suelo, este sistema de arrendamientos resultó beneficioso para los propietarios que obtenían una renta sin esfuerzo productivo, mientras que los arrendatarios explotaban grandes superficies sin necesidad de comprar tierras.
En esos años surgió una clase terrateniente mucho más rica y poderosa, más consiente de sí misma como elite rural. Se funda en 1866 la Sociedad Rural Argentina. La estabilidad del país y las excelentes expectativas de crecimiento, estuvo signada por el abandono de inversiones en otras esferas y la creciente concentración de sus actividades en el sector agrario.
El formidable aumento del comercio de exportación dio lugar a la aparición de poderosas empresas que dominaron el comercio internacional, las empresas extranjeras controlaron el grueso de la comercialización y financiación de la producción agraria, los estancieros centraron su atención en la producción, estableciéndose un orden neocolonial.
Se ha firmado que el control del estado por parte de la oligarquía rural constituyó un rasgo típico del orden político desde Roca hasta Hipólito Irigoyen, esta interpretación no se ajusta a la evidencia histórica disponible. Los grandes terratenientes nunca constituyeron una clase gobernante y tampoco desarrollaron una fuerte vocación por la vida pública asociada con una visión que juzgaba a la política como una actividad inferior, plagada de aspectos sucios. No solicitaba del estado más que sus funciones básicas de garante del orden público y de instancias superior de sanción de los contratos.
El orden productivo no fue nunca socialmente igualitario, pero tuvo capacidad para abrir caminos al ascenso social y neutralizar tensiones entre los grupos propietarios y las clases subalternas.

DEL CENTENARIO A LA CRISIS DEL TREINTA
El aluvión inmigratorio (1914-1919) modificó el mercado de trabajo y de arrendamientos. La oferta de trabajo, por primera vez se volvió abundante.
El precio del suelo tendió a elevarse, igual que el canon que debía abonarse para utilizarla. Esto tuvo un efecto desbastador sobre la capacidad de negociación de los arrendatarios y de las clases subalternas rurales. Los chacareros débiles individualmente optaron por la acción colectiva. El conflicto estalló por primera vez en Alcorta, Santa Fe, en 1912. La guerra mundial abrió un paréntesis, pero la movilización chacarera no cesó hasta 1921. Después del Grito de Alcorta, crearon su organización representativa, la Federación Agraria Argentina reclamando una distribución más equitativa del ingreso agrícola, rebaja de los cánones de arrendamiento y mayores libertades para organizar la producción y negociar la venta de la cosecha. Como el tema central del conflicto era la renta terminarán convencidos de la necesidad de adquirir tierras. Fue en esos años que la imagen del estanciero que derrochaba su riqueza en París, indiferente a la dura suerte de los trabajadores que labraban su riqueza, comenzó a ganarse un lugar en la conciencia colectiva.
Con la ley Sáenz Peña se establece el sufragio obligatorio y secreto para todos los nativos varones adultos en 1912, esto cambió la vida política, pues quien deseara alcanzar o mantenerse en el gobierno debía prestar atención a las demandas del electorado. Se adopto una posición a favor de los arrendaros presionando a los terratenientes a negociar una reducción de los cánones de arrendamiento.
Con el partido de la Unión Cívica Radical, Hipólito Irigoyen llega a la presidencia, la UCR se convirtió en el primer partido de masas, el grueso de sus votos provino de los sectores populares.
La Primera Guerra Mundial afectó a la economía argentina y dio lugar a un profundo mal estar popular que las autoridades radicales no siempre supieron encausar. Nace en esos años de conflicto la Liga Patriótica, movimiento anti obrero que tiene como objetivo fomentar las virtudes patrióticas y reprimir la protesta obrera. La represión estatal clausuraran hacia 1921-22 el ciclo de lucha social agraria, los sectores subalternos del campo carecían del poder necesario para poner en cuestión los privilegios de la gran propiedad.
La Gran Guerra señaló el fin de la expansión del mercado mundial para productos primarios. Finalizado el conflicto la oferta comenzó a superar la demanda, pues los problemas de la economía británica provocaron una contracción de la demanda que se acompañó de una fuerte baja de precios.
La industria argentina, aunque no estaba en condiciones de exportar productos manufactureros, abastecían el mercado interno en las ramas livianas (alimentación, bebidas, confecciones, madera, construcciones).
En la década de 1920 Londres comenzó a presionar a sus socios comerciales para que compren más bienes británicos bajo la amenaza de una restricción a sus adquisiciones en Argentina. Los ganaderos no tenían otro mercado donde colocar su producción aceptó un intercambio bilateral más equilibrado con el lema “comprar a quien nos compra”. Para los industriales esto significaba una mayor competencia para su producción local. La Unión Industrial Argentina acusó a los ganaderos de comportarse de modo egoísta, y atender a sus intereses particulares. Nunca antes las tensiones empresariales fueron tan intensas.
En esos años los hechos no afectaron a todos los hacendados al mismo tiempo ni en la misma manera, pero les tocaba vivir en tiempos difíciles.

DE LA GRAN DEPRESIÒN AL PERONISMO
La Depresión mundial asestó un duro golpe a la economía mundial. Argentina sufrió la crisis con intensidad, con exportaciones que caían en volumen y en valor, con una fuerte salida de capital, y con una deuda externa que pesaba cada vez más sobre las cuentas fiscales. Los empresarios denunciaban que a la UCR era incapaz de cualquier acción destinada a contener el derrumbe.
Irigoyen fue derrocado en 1930 por una facción minoritaria del Ejército que triunfo con el apoyo de las clases medias porteñas, la clase terrateniente no tuvo mayor injerencia, su capacidad para influir en las decisiones del Estado era más reducida de lo que habitualmente se afirma.
En 1932 las exportaciones de carne se vieron aún más amenazadas, pues el Reino Unido y sus colonias acordaron un sistema de comercio dentro del área de la libra. El giro proteccionista resultó crítico para los exportadores de carne, pero también para las finanzas públicas.
La comitiva encabezada por el vicepresidente Julio A. Roca logró un acuerdo bilateral que aseguraba la colocación de una cuota de carne en el mercado inglés a cambio de ciertos privilegios para las importaciones británicas y las remisiones de ganancias de las empresas de ese origen. La prioridad del Tratado Roca-Runciman era evitar la contracción de los mercados, sin embargo la capacidad de compra británica se mantuvo deprimida durante toda la década de 1930.
La respuesta provino de un aumento de la producción industrial nativa, que comenzó a crecer a un ritmo más intenso que el sector rural. Con este proceso de sustitución de importaciones el centro dinámico de la economía del país pasó del campo a las chimeneas del suburbio.
No sorprende, entonces que las medidas que favorecieron a la industria en la Década Infame surgieran como presión de las circunstancias, más que de las demandas del empresariado industrial.
La Depresión trajo consigo altísimos niveles de desocupación, la caída de la actividad forzó una baja abrupta de los salarios. La recuperación del empleo en la economía urbana, y en particular en el sector industrial, creció a partir de la incorporación de trabajadores antes que de capital y tecnología. El retroceso social fue más intenso en el campo, los dueños del suelo debieron conformarse con un presupuesto más reducido. Pero los grandes perdedores fueron los chacareros arrendatarios. Se produce un fuerte proceso inmigratorio de jóvenes del campo hacia la ciudad que funcionó como válvula de escape para las tensiones que se acumulaban en las chacras.
La Concordancia no se demostró dispuesta a apoyar los reclamos de los agricultores a favor de un orden rural más justo. El gobierno dio curso a algunas reformas legislativas, pero no hizo mucho por garantizar su vigencia, fijó precios mínimos para la cosecha, orientados a asegurar que no disminuya el área sembrada más que a incrementar el ingreso de los agricultores. La Concordancia se mostró más preocupada por la agricultura que por los agricultores.
La Segunda Guerra Mundial trajo como consecuencia un derrumbe de las exportaciones de granos dejando a muchos agricultores en la miseria. Al mismo tiempo, el aumento de la demanda de carne hizo que los propietarios comenzaran a poblar con ganado tierras de uso agrícola, expulsando a los cultivadores.
El sector manufacturero experimentó una expansión tan veloz que dio lugar a confiar en el porvenir industrial del país. Desde el punto de vista de los militares, los bajos niveles de ingreso de los agricultores, pasaron a ser un obstáculo para una economía industrial más dinámica y mejor integrada. Favorecer una distribución más equitativa de la riqueza en el campo era positivo tanto para el campo como para la industria. Se anunció una reducción de los cánones de arrendamiento, la prohibición de expulsar a los arrendatarios en mora, derecho de los chacareros a renovar sus contratos aun contra la oposición de los propietarios. Los terratenientes tuvieron que elegir entre dos males: vender a precios deprimidos o indemnizar a los arrendatarios para que abandonen la tierra.
Perón eligió a la elite terrateniente como su gran enemigo con medidas destinadas a incrementar la seguridad y el ingreso de los productores agrícolas más débiles. Antiguos arrendatarios se volvieron conservadores y con el paso del tiempo su solidaridad con los grandes propietarios se intensificó.
La gran prioridad del régimen peronista no fue el agro sino la industria. Si bien los agricultores mejoraron su situación y alcanzaron la propiedad del suelo, no lograron quedarse con el grueso del excedente agrario por las transferencias de riqueza al sector industrial.
Las grandes familias terratenientes tras la Depresión comenzaron a ser desalojadas de la cúspide de la gran riqueza. La partición hereditaria fragmentó la gran propiedad y sus habilidades para ingresar en nuevas áreas de actividad de la banca, de la industria, y de los negocios les permitieron compensar sus menguantes ingresos agrarios. Sin embargo, la desaparición de los grandes grupos terratenientes nunca terminó de completarse.

3 comentarios:

  1. lastima que no esta editado como el libro anterior

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  2. Muy Buena síntesis compañera...
    Como alumna me sentí muy a gusto participando de este debate, uno a esta altura puede comenzar a notar cómo este tipo de encuentros enriquecen, y en gran medida, nuestra formación.
    Al margen que nuestra postura o en este caso, mi postura pueda no coincidir en algunos aspectos con el autor, lo bueno es que se crea el espacio propicio para analizar, discentir, refutar o no...permitiéndonos de esta forma abrir las puertas al entendimiento del pasado, nuestro pasado.
    Y de esta forma uno va Aprendiendo...cuanto más conscientes seríamos en nuestras acciones si nos permitiéramos conocer y analizar de la manera más crítica aquello que nos pasó y que en muchos casos nos sigue pasando.

    Aprovecho la oportunidad para invitarlos al próximo debate!!! Del cual seré encargada de coordinar.
    Marisel Fouquet.

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  3. Gracias Marisel... ¿podrías compartir con nosotros esas disidencias que tenes con el autor del libro debatido?
    Susana

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