lunes, 13 de septiembre de 2010

síntesis del libro: Las tecnologías en Argentina

Cátedra: Geografía Argentina 2.

Profesora: Susana De Ilari.

Alumno: Arrieta Juan Pablo

Tema: Síntesis del libro: “LAS TECNOLOGIAS EN ARGENTINA” de Carlos Eduardo Solivérez. Claves para todos.

Carlos Eduardo Solivérez: Obtuvo el título de Doctor en Física en la Universidad Nacional de La Plata y se especializo en Física del Estado Sólido en la sede de Berkeley de la Universidad de California.

INTRODUCCION

Argentina produce tres veces la cantidad de alimento necesario para su población; pero tiene varios millones de niños desnutridos. Aplica las últimas tecnologías en la producción de soja, incluyendo las transgénicas, pero no proporciona agua potable y de riego o control de inundaciones a millones de habitantes. La falta o disponibilidad de tecnologías para la producción y la atención social que hay en el país no pueden explicarse por inexistencia de recursos naturales, de inteligencia o de capital, factores visualmente invocados por los estudiosos del tema.

El estudio de la historia del uso de las tecnologías ofrece algunas claves en todos los periodos –conquista, colonización, inserción en el mercado productivo internacional, industrialización y financiación- es la lucha a veces violenta por la apropiación de las fuentes y generación de la riqueza. Si la codicia es la puja por una porción de riqueza en exceso, no es exagerado afirmar que la totalidad técnica, social, ambiental del fenómeno tecnológico argentino puede comprenderse como el conflicto entre la codicia, la satisfacción de las necesidades humanas vitales y la preservación del medio ambiente.

CAPITULO UNO

INDIGENAS Y CONQUISTADORES

Cuando se produce el descubrimiento de América, España no existía como nación en el sentido moderno del término: era una débil alianza de los cinco mal integrados reinos de Aragón, Castilla, León, Cataluña, Navarra y Valencia. No existía todavía el concepto moderno de estado y los reyes (en particular los absolutistas castellanos) consideraban que los territorios y habitantes de sus dominios eran posesiones personales. El uso de lo que hoy llamamos la cosa pública en beneficio exclusivamente personal fue uno de los conceptos del que estaban imbuidos los conquistadores castellanos y que perdura en Argentina hasta nuestros días.

Primeros Asentamientos.

Sebastián Gaboto fue el primer conquistador en ingresar a nuestro actual territorio (1527), en busca de la mítica Sierra de la plata. Gaboto entro navegando por el río de La Plata, remontó el Paraná y fundó el primer asentamiento español del territorio, el fuerte de Santi Spiritus, en la confluencia del río Paraná con el Carcaraña. El primer asentamiento estable de la región mesopotámica fue Asunción del Paraguay. Allí se trasladarían los habitantes del frustrado fuerte y puerto de Santa María del Buen Ayre establecido por Pedro de Mendoza en 1536. También fue Asunción la base desde la cual Juan de Garay fundó la primera ciudad del litoral Argentino –Santa Fe, en 1573- y refundó Buenos Aires. Estos asentamientos fueron los primeros de una serie que nunca pudo completarse a causa de la resistencia indígena y los accidentes geográficos, cuyo objetivo era comunicar el Perú con el Atlántico a través del río Paraná.

Diego de Almagro fue el primer español en hacer una ocasional entrada al noroeste argentino, viniendo desde el Perú. El primer asentamiento estable del interior fue la ciudad de Santiago del Estero. Pero sería Jerónimo Luís de Cabrera, fundador de Córdoba en 1573, quien establecería la última etapa de la deseada comunicación del Perú con el Atlántico.

Las etnias aborígenes que encontraron los conquistadores ya ocupaban el actual territorio Argentino hacia más de 10 mil años. Los indígenas habían resuelto ya hacía mucho tiempo sus necesidades vitales mínimas: alimentación, vestimenta, vivienda y organización social, en algunos casos con exceso. Para desdicha de los conquistadores no tenían la plata, el oro y las piedras preciosas que inicialmente los atrajeron a estas latitudes.

Las etnias de Tierra del Fuego y el sur de la Patagonia, entre quienes se encontraban los onas, no merecieron ni el interés, ni la atención de los conquistadores. Nada les interesaba obtener de ellas y les disgustaban sus costumbres y su aspecto físico. Esos grupos se extinguieron casi completamente por la inevitable reducción de su número causada por su escasa mestización, las enfermedades y la inevitable creciente ocupación de sus territorios. Las etnias del interior y costas patagónicas casi exclusivamente cazadoras y pescadoras, las tribus de las planicies patagónicas y pampeanas (los tehuelches) eran muy guerreras, no tenían productos de interés, ni estaban dispuestos a ser mano de obra para los conquistadores y colonos, sus malones fueron un peligro constante para las poblaciones de europeos y criollos.

Caballo y vacunos.

Los castellanos beneficiaron grandemente a los Tehuelches. Los caballos y vacunos euroasiáticos liberados, se multiplicaron naturalmente en las pampas de manera increíble. Estos animales proporcionaron a las Tehuelches una abundante fuente de proteínas para reemplazar a los escasos guanacos, valiosa materia prima (cueros y lanas), un medio de transporte y una poderosa arma guerrera. Sin embrago las frecuentes agresiones mutuas no impidieron el comercio entre estos indígenas y los europeos. Era muy común ver indígenas trocando pieles y artesanías por artículos que ellos no podían fabricar, como cuchillos de acero.

Unos pocos grupos semi-sedentarios de la etnia Tupí-guaraní tenían un desarrollo tecnológico intermedio que combinaba cultivos temporarios con la caza, pesca y recolección en la región de los ríos Paraná, Uruguay, y sus afluentes. Estos poco prósperos y semi nómadas guaraníes atrajeron la simpatía de los sacerdotes jesuitas. Las misiones jesuíticas que se instalaron en diversos lugares de América y del territorio Argentino tuvieron su máxima concentración y éxito en la actual provincia de misiones. Estas misiones lograron conquistar a los indígenas a través de la persuasión, protagonizaron la más importante y exitosa empresa tecnológica de la etapa colonial.

Las etnias tecnológicamente más desarrolladas eran las del noroeste argentino: Diaguitas. Tenían variados cultivos bajo riego natural y artificial, animales domesticados como la llama, tejidos de lana y algodón nativo, alfarería, viviendas de adobe. Eran tributarios de los Incas quienes además de su religión les proveían saberes técnicos y de productos inexistentes o escasos en tierras diaguitas, como el cobre, la plata, y el oro. Entre los diaguitas había tribus muy guerreras que debieron ser llevadas a la fuerza a lugares lejanos para acabar con su resistencia, caso de los indígenas Quilmes. Pero había además muchas tribus pacificas.

Tecnologías de la conquista.

Los conquistadores necesitaron a los nativos para alimentarse, vestirse, construir sus viviendas, atacar y defenderse de las tribus hostiles. Los indígenas por su parte, esperaban a cambio ciertos beneficios como protección contra sus enemigos útiles como los cuchillos y hachas que facilitaban enormemente sus propias y pesadas tareas, variados bienes materiales y el prestigio de aliarse al triunfador.

La cobertura de las necesidades vitales de los conquistadores se hizo mayoritariamente con las tecnologías indígenas y fueron unas pocas tecnologías europeas la que posibilitaron la conquista. En primer lugar las carabelas y carracas catalanas, e instrumentos de navegación de ultramar (uso de la brújula, astrolabio, cartas de estrellas) que les permitieron llegar a América. Ya en el terreno los armaduras, los cascos y las cotas de malla de acero que los protegían a los conquistadores de las lanzas, flechas y garrotes indígenas. Así las tecnologías puestas en juego durante la conquista fueron exclusivamente las del transporte (barcos y caballos) y las de la guerra (el acero).

Fue una conjunción de factores tecnológicos y de otros la que permitió que unos pocos miles de soldados europeos sometieran a millones de amerindios: la navegación de altura, las armas defensivas y ofensivas de acero, el uso del caballo como medio de transporte personal y como arma, la capacidad organizativa y la temeridad, las supersticiones indígenas y las enfermedades europeas.

Navegación de ultramar.

La conquista castellana de América requirió el dominio de las tecnologías de construcción de barcos con características apropiadas para hacer viajes oceánicos de larga duración. Para esa época la náutica europea tuvo tres importantes avances técnicos. El primero fue el comienzo de la navegación en mar abierto, posible gracias al uso de la brújula, inventada por los chinos. El segundo fue el uso en el mediterráneo de la vela latina que permitió por primera vez el avance en sentido parcialmente opuesto al viento. El tercero fue el timón de codaste que hizo más preciso y simple el control del rumbo. Pero todavía ninguno de los barcos de la época era apropiado para largos viajes oceánicos.

Los europeos del renacimiento dominaban las tecnologías de construcción de grandes edificios de madera, pero la carpintería naval les presentó grandes desafíos. El primero fue dar a los barcos la resistencia necesaria para soportar las grandes fuerzas destructivas de las olas, durante las frecuentes tormentas atlánticas. El segundo fue la construcción de cascos suficientemente estancos para impedir el excesivo ingreso de agua.

Las velas cuadradas de los barcos del Mediterráneo solo permitían la navegación a favor del viento. Las velas latinas, de forma triangular y sujeta en su parte inferior, en conjunción con un buen diseño de la quilla, permitieron el avance de los buques en oposición parcial al viento. A comienzos del siglo XV los portugueses desarrollaron la carabela, un nuevo tipo de barco pequeño. Estos fueron los barcos que le permitieron superar la navegación costera y llegar a Asia por el oriente y a Brasil por el occidente.

Armas y armaduras.

Los españoles habían desarrollado la tecnología de fabricación de acero que usaban en la fabricación de espadas, cascos, armaduras, todos de gran resistencia, duración y costo. Los caballos desempeñaron un papel central en la conquista: le sirvieron como medio de transporte aliviando la carga de armas y armaduras y como arma de guerra.

El caballo inspiró inicialmente el terror a los aborígenes, pero el miedo fue luego superado integrando este animal a su cultura. Esta incorporación sin embargo, no fue lo suficientemente rápida, ni complementada con las demás tecnologías necesarias para contrarrestar la superioridad guerrera de los conquistadores.

Es errónea la creencia de que las armas de fuego tuvieron un rol decisivo en la conquista. En la época existían dos armas, ninguna demasiado eficaz y ambas de difícil y riesgoso manejo. Los cañones eran armas imprecisas, y las fortalezas amerindias estaban en las laderas de las montañas, sin buenos caminos de acceso que permitieran transportar este tipo de arma pesada.

Factores culturales.

La sola superioridad tecnológica no hubiera bastado para contrarrestar la abrumadora ventaja numérica de los indígenas sobre los conquistadores. Los castellanos supieron aprovechar con habilidad los conflictos y agravios entre las diferentes tribus indígenas y las disensiones entre facciones internas para enfrentar a unos con otros. Esto fue favorecido por algunas leyendas autóctonas. Los castellanos estaban imbuidos de una firma creencia en su superioridad racial y de la convicción de que Dios los protegía.

Las vidas de los indígenas comenzaron a ser respetadas sólo después de iniciada la etapa de colonización, cuando era imprescindible la explotación de su fuerza de trabajo por los sistemas de la encomienda, la mita y el yanaconazgo. No se puede atribuir a las Leyes de Indias el trato más humanitario ya que fueron sistemáticamente ignoradas por los colonos españoles cuando así les convenía.

Las enfermedades.

Algunos autores atribuyen a las enfermedades infecciosas un papel decisivo en la conquista de América. Es cierto que los amerindios no tenían los anticuerpos necesarios contra enfermedades euroasiáticas como la viruela, el sarampión, la peste bubónica y otras. También es verdad que la viruela literalmente diezmo la población de indígenas mexicanos y causo muchas muertes en tierras peruanas y alto-peruanas, donde hasta mediados del siglo XX fue endémica. Los cronistas coloniales relatan sólo epidemias ocasionales de estas enfermedades en el actual territorio argentino, ninguna con las catastróficas consecuencias del caso mexicano.

No hay evidencias del fenómeno inverso de contagio de enfermedades americanas a los conquistadores.

CAPITULO DOS:

LA COLONIZACION

Las primeras fundaciones de ciudades fueron afirmaciones de poderío militar, intolerancia religiosa y de control político, evidenciados en nombres como Santiago del Estero y Santa Fe. El proceso de transición de conquistadores a pobladores mostró su máximo ímpetu con la fundación de las primeras ciudades exclusivamente creadas por su potencial mercantil: Salta y Jujuy. Durante el periodo comprendido entre fines del siglo XVI y la creación del Virreinato del Río de La Plata (1776), se produjo un laborioso y complejo proceso de asentamiento, de formación de la sociedad colonial, de reconocimiento de las capacidades productivas del territorio y de conformación del intercambio comercial.

El funcionamiento de una sociedad esta determinado por la manera en que sus miembros se relacionan entre si, en particular por la forma en que asignan el poder. Es crucial conocer las prácticas sociales de entonces porque buena parte de ellas perduran hasta nuestros días y condicionaron fuertemente nuestro desarrollo en todos los órdenes, en particular el tecnológico.

Un estudio genético reciente muestra que cerca del 60 por ciento de la actual población Argentina (supuestamente el más europeo de los países latinoamericanos) tiene algo de sangre indígena. Los grupos indígenas nómadas y agresivos, como los de la etnia tehuelche y araucana de la región patagónica y de la pampa seca y algunos de los Tupí-guaraní del Gran Chaco, no cedieron a la persuasión de los misioneros y fueron finalmente conquistados por las tecnologías del fusil, el telégrafo y el ferrocarril, afines del siglo XIX y comienzos del XX.

A lomo de indio.

La época colonial se caracterizó por el escaso uso de tecnologías y sus mejoras no estuvieron dirigidas a aumentar la capacidad productiva de la mano de obra indígena, sino a posibilitar las producciones críticas para la alimentación, la vestimenta, la vivienda y el transporte.

Juan Ramírez de Velasco describe la situación encontrada en las cuatro ciudades de la gobernación (Catamarca, San Miguel de Tucumán, Salta y Santiago del Estero). No había: mataderos, molinos de trigo (el harina se fabricaba en morteros manuales). Los indígenas hacían todas las tareas con los más primitivos útiles y técnicas. Carecían de acequias artificiales para el abastecimiento de agua potable a los pobladores y el riego de los sembrados, así como de depósitos para el almacenamiento de granos. Para construir los hasta entonces inexistentes molinos hidráulicos, Ramírez de Velasco debió hacer venir técnicos del Perú, ya que los colonos no sabían construir o usar relativamente simples Tahonas (molinos de piedra movidos por mulas). En estos primeros tiempos la escasez de mulas hizo que el transporte de mercancías se hiciera a “lomo de indio”. Este servicio de los indígenas, que muchos encomenderos alquilaban sin proveerles un salario, ni siquiera alpargatas fue combatido por Ramírez de Velasco.

La única producción regional de gran escala (de tecnologías artesanales pero muy precisas) que perduró durante todo el periodo colonial fue la fabricación de vinos y aguardientes de Cuyo.

Los jesuitas.

Los jesuitas fueron los más destacados practicantes de saberes tecnológicos. El complejo integrado y con división de funciones que formaban todas las misiones les permitió desarrollar actividades como el cultivo de árboles de yerba mate, la impresión de libros, la fundición de campanas, la ganadería de corral, la fabricación de instrumentos musicales, el uso de motores hidráulicos y muchas otras casi inexistentes en el resto de las colonias.

Los españoles desconfiaban de los jesuitas por ser frecuentemente extranjeros (entre ellos abundaban los franceses, italianos y alemanes). Los bandeirantes los odiaban porque les habían quitado su fuente de esclavos. Todo esto llevo que se produjera la expulsión de los jesuitas de todos lo territorios españoles en 1767 y el total desmantelamiento de sus misiones.

Las misiones jesuíticas llevaron exitosamente a cabo el primer gran emprendimiento tecnológico del actual territorio argentino. Fue de tal magnitud e impacto social que algunos historiadores y políticos consideran que su destrucción fue un paso imprescindible para alcanzar la independencia de España.

Estructuración del territorio.

Durante el periodo colonial hubo un creciente aumento de los asentamientos españoles. Esta creciente urbanización, crítica para el desarrollo tecnológico, no estimuló el crecimiento de los asentamientos indígenas sino su abandono para escapar de los abusos de los encomenderos.

El resultado de la creciente ocupación española del territorio fue que los indígenas nómades perdieron sus territorios de caza y recolección y los sedentarios sus terrenos de cultivo. Comenzaron entonces a depender crecientemente de los caballos y vacunos, cuya fabulosa multiplicación no fue consecuencia del uso deliberado y eficiente de tecnologías de reproducción, sino de su accidental liberación y su espontánea adaptación a las originalmente inhóspitas praderas pampeanas.

CAPITULO TRES:

EL PAIS DE LOS GANADOS

Durante todo el periodo colonial la gran mayoría de la población fue rural y debía procurarse la subsistencia por sus propios medios. En el interior boscoso o montañoso del país había innumerables lugares de asentamiento bien protegidos. No pasaba lo mismo en la llanura pampeana, casi totalmente carente de árboles, pero con abundantes caballos y vacas. Así mientras los habitantes del interior podían asegurarse fácilmente su subsistencia de manera sedimentaria, con pequeños cultivos de cereales y tropas de ganado, ocurría algo distinto con los que residían en las pampas. Para ellos la opción natural fue la alimentación exclusiva de carne vacuna y la cobertura de las necesidades restantes por trueque de cueros o productos fabricados con ellos, como lazos y aperos. Así surgieron los Gauchos.

Es erróneo pensar al gaucho como el pastor de las pampas. El gaucho fue un cazador y, como todos los cazadores que deben seguir a su presa adonde quiera que vaya, era nómade. Recién cuando las vaquerías cedieron el paso a las estancias y saladeros el gaucho se transformó en peón, a pesar suyo y sólo cuando no tenía otra alternativa. La vida del gaucho es un prototipo de desintegración social. Como en sus correrías recorría grandes distancias, y en las pampas había muchos más hombres que mujeres, raras veces formaba una familia estable.

Como despreciaba las tareas de pico y pala, a las que consideraban denigrantes, cuando los estancieros quisieron construir zanjas y setos o colocar alambrados debieron contratar mano de obra extranjera a muy alto precio.

Así las pampas se caracterizaron por la escasez de mano de obra. Cuando los estancieros la necesitaron para atender la creciente producción de saladeros, a falta de encomiendas trataron de recurrir a los gauchos. El trabajo es pa´ los gringos, decían, negándose a afincarse, y efectuando sólo changas ocasionales como domas o arreos. Como el afincamiento es requisito esencial para una mano de obra estable, se usaron recursos legales para forzarlos. El alambrado que empezó a cercar las estancias a partir de 1850 fue la sentencia de muerte para el libre vagabundeo de las pampas, acelerando así la transformación de los gauchos en peones.

Ascenso de Buenos Aires.

La creación del virreinato del Río de La Plata (1776) y la Revolución de Mayo (1810) concentraron el poder político en la provincia de Buenos Aires, justo cuando comenzaba el despegue de sus producciones ganaderas, a las que estimuló y protegió.

La resignación de las autonomías provinciales durante las guerras civiles (1820-1842) y el régimen Rosista (1835-1852) favorecieron así la producción y el modelo económico ganadero de la provincia de Buenos Aires en desmedro de las producciones del resto del territorio. Los economistas describen a esta época como de estancada economía de subsistencia. Estancada, porque no había aumento de la población ni gran generación de ganancias. Economía de subsistencia, porque la producción estaba mayoritariamente orientada a la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

Culturas indígenas.

Cuando al ideología laicista prevaleció sobre la cruzada de la conquista –proceso que se inició con la expulsión de los jesuitas en 1767 y culminó con la creación en 1886 del Registro civil (que hasta fecha muy reciente no permitió el uso de nombres indígenas) y la sanción en 1884 de la Ley 1.420 de Educación común, universal y laica-, se requirieron otras excusas distintas a las religiosas para la justificación de la tutela sobre los indígenas. Uno de los principales argumentos de los economistas fue su incapacidad de progreso medida por sus excedentes económicos.

Los excedentes de indígenas desaparecieron cuando la revolución tecnológica inglesa produjo textiles baratos que fueron libremente introducidos al territorio gracias a la apertura indiscriminada del comercio.

Auge de la ganadería

Durante la mayor parte del siglo XIX la ganadería fue los que los economistas denominaban el sector más dinámico de la economía, es decir, el mayor generador de lucro para los grandes productores (dueños de los saladeros) y los grandes exportadores e importadores.

La tierra era todavía barata pero el capital era caro, no por escaso sino porque sus principales poseedores preferían gastarlos en bienes suntuosos. El transporte interior era muy deficiente, no se construyeron caminos nuevos, casi ni se mantenían los viejos y los pocos barcos que se fabricaban en el litoral eran muy pequeños y rudimentarios. Los fletes eran una elevada fracción del costo final de productos distantes de sus mercados consumidores, y sólo era buen negocio exportar aquellos de muy alto valor en relación con su volumen y peso. La producción pampeana que se adaptaba de manera óptima a todas estas circunstancias fue la de los productos de la ganadería, en especial los cueros.

La inicial cacería de vacunos, las vaquerías, estuvo basada en la existencia de grandes extensiones de pastos naturales renovables, y las periódicamente inundadas praderas pampeanas, en las que se reproducían naturalmente los ganados. Cuando los ganados cimarrones empezaron a escasear por el exceso de caza, comenzó su apropiación en las estancias pampeanas.

Esta nueva situación generó continuos conflictos entre estancieros y gauchos matreros. Sobre el final del periodo hizo su aparición el dispositivo tecnológico que cambiará radicalmente a los campos: al alambrando. Permitió confinar los animales viabilizando su mejora por mestización; delimitó las tierras facilitando su apropiación; protegió a los cultivos agrícolas de los animales sueltos. Estimulando su expansión; y obstaculizó el libre desplazamiento de los nómades gauchos, forzando su radicación.

CAPITULO CUATRO:

REVOLUCION TECNOLOGICA

En el lapso que va del comienzo de su organización como nación (la sanción de la constitución de 1853) y la crisis económica internacional de 1929, Argentina llevó a cabo una revolución tecnológica que trasformó simultáneamente su vinculación con el resto del mundo y sus producciones. Se creó entonces la infraestructura del transporte que viabilizó el aprovechamiento comercial de sus ventajas naturales, las pampas húmedas mediante su incorporación al mercado internacional como importante proveedor de productos agropecuarios.

Los principales factores que posibilitaron esta revolución fueron:

Ø La puesta en práctica de un proyecto racional de país.

Ø Las nuevas tecnologías internacionales del transporte terrestre y marítimo

Ø Las garantías ofrecidas a los grandes capitalistas para hacer inversiones muy rentables.

Ø La disponibilidad de tierras fértiles y baratas muy competitivas para las actividades agropecuarias.

Ø La gran disponibilidad de mano de obra como consecuencia de la masiva inmigración europea.

Sobre el final del período se pusieron en evidencia los efectos negativos resultantes de la falta de planificación y control de las inversiones tecnológicas y el desigual reparto de sus costos y beneficios.

Modelo de país.

El proyecto de país fue mediáticamente formulado desde el exilio por la Generación del 37. Un miembro destacado de esta generación, Domingo Faustino Sarmiento, achacó el atraso nacional al sometimiento de la civilización por la barbarie. Después de la derrota de Rosas comenzó la puesta en práctica de la propuesta, de cuyas facetas tecnológicas es muestra la constitución de 1853, que en uno de sus artículos establecía: promover la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables y la colonización de tierras de propiedad nacional.

El presidente Bartolomé Mitre, al poner en efecto en 1852 la nacionalización de la Aduana de Buenos Aires acordada en el Pacto de San José de Flores (1859), generó la garantía económica indispensable para convertirnos en país deudor.

La presidencia de Sarmiento (1868-1974) fue la gran impulsora de la educación pública (prerrequisito del desarrollo tecnológico) y de tecnologías como el alumbrado, que viabilizó la agricultura extensiva y la mestización de los ganados, el telégrafo que aceleró el intercambio de información y el ferrocarril que redujo drásticamente el costo del transporte de las mercancías de interés para Gran Bretaña. A mediados del siglo XIX comenzó en Europa y Estados Unidos el reemplazo de los barcos de madera a vela, por hélices propulsadas con motores a vapor lo que redujo a menos de la mitad los tiempos de navegación.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se construyeron los grandes puertos Argentinos, Madero y Nuevo en Buenos Aires y el de Rosario, más económico para los buques de gran calado. El puerto Madero cayó pronto en desuso por errores de diseño inicialmente denunciados por Luís Huergo – primer ingeniero diplomático en Argentina- y deliberadamente ignorados por gobiernos que malgastaron millones par que terminara convirtiéndose en un centro comercial y residencial suntuario.

Se proyectó y fue bloqueado por los intereses porteños que favorecieron al Puerto Madero, un gran puerto de aguas profundas en la Bahía de Samborombón, puerto con el que el país no cuenta hasta el día de hoy. Las líneas ferroviarias, cuyo primer tendido en 1857 fue sólo de 10 kilómetros, alcanzaron 31 mil en 1914, con una configuración de embudo que desaguaba los productos primarios hacia los puertos de Buenos Aires y Rosario, aunque a un alto costo se calcula que el país pago por ellas entre 3 y 5 veces su valor real.

En 1877 se realizó el primer viaje a Europa que llevaba carne ovina congelada. La tecnología que luego devino en enfriado para preservar el sabor, abrió las puertas de los mercados internacionales a las carnes Argentinas.

La gran industria azucarera Tucumana -impulsada por ingenieros-empresarios franceses con las tecnologías más avanzadas de la época – fue posible sólo gracias a recargos aduaneros sobre el azúcar importada (sin los cuales hubiera sido más barata comprarla en Brasil o Cuba) y la llegada del ferrocarril a Tucumán (sin el cual hubiera sido imposible llevar las maquinarias a los ingenios).

No se estimuló, el asentamiento permanente de la seminómade población rural mediante la entrega en propiedad de tierras para ser trabajadas. Se fomentó en cambio la llegada de agricultores europeos supuestamente más diestros y trabajadores que los argentinos, bajo el lema alberdiano gobernar es poblar. Los inmigrantes vinieron en masa huyendo de la desocupación en sus países de origen. Muchos eran obreros fabriles o empleados sin destrezas agrícolas que se radicaron en las grandes ciudades, donde constituyeron una gran fracción de la población y contribuyeron al surgimiento del proletariado industrial.

La diferencia principal entre la agricultura y la industria es que Argentina fue en la época, y durante varios años, el primer exportador mundial de trigo, maíz y lino, mientras que su industria producía sólo para el mercado interno. Las actividades agropecuarias argentinas fueron entonces, y siguen siendo hoy, las financias del comercio exterior, las que permiten la compra de todo aquello que no producimos.

A comienzos del siglo XX se hizo la mayor inversión industrial individual del período en la fabricación de extracto de tanino a partir del quebracho. La Forestal talaba los bosques de quebracho, acarreaba los troncos del monte en carros tirados por bueyes, los trituraba en grandes molinos, hervía los fragmentos para extraer el tanino que luego concentraba y envasaba para transportarlo en sus propios ferrocarriles hasta sus propios puertos fluviales. A pesar denuncias para racionalizar la tala de árboles centenarios de muy lento crecimiento, ni para evitar la explotación de los trabajadores. Cuando fue más rentable extraer el tanino de la mimosa Sudafricana, La Forestal levantó sus instalaciones, incluyendo las vías y tanques de agua de las poblaciones que habían crecidas a su vera. Se devastó ecológicamente un área igual a la provincia de Tucumán.

Es frecuente defender radicaciones industriales por los puestos de trabajo que crean. En tales casos siempre debemos preguntarnos: ¿Por cuánto tiempo darán trabajo?, ¿a qué costo humano y ambiental?, ¿Quiénes serán los beneficiados y quienes los perjudicados? La infraestructura tecnológica nacional no fue pagada por sus grandes beneficiarios, los productores agropecuarios de las pampas húmedas, los industriales azucareros, los comerciantes mayoristas porteños y rosarinos. La pagaron los sectores de menores ingresos a través del regresivo sistema de impuestos al consumo que regia entonces y rige aún hoy. El costo del equipamiento tecnológico nacional fue mayoritariamente pagado por los más pobres y sus beneficios mayoritariamente embolsados por los más ricos.

CAPITULO CINCO:

INDUSTRIA NACIENTE

La crisis económica de internacional 1929 que, continuada por la segunda guerra mundial, perduró hasta mediados de la década del ´50 desnudo las limitaciones del modelo de desarrollo elegido por los argentinos. Nuestra incipiente industria dependía del exterior `para obtener maquinas y repuestos e insumos tan básicos como metales, caucho, carbón y petróleo. Las divisas para pagarlos provenían de la exportación de unos pocos productos agropecuarios poco o nada elaborados cuyos precios no podíamos regatear y tendían constante mente a bajar. Los principales medios de transporte interno (los ferrocarriles) y externos (los barcos mercantes) eran propiedad de empresas extranjeras.

Durante la gran depresión los países que hasta entonces eran nuestros principales compradores implantaron fuertes políticas de fomento y protección de sus producciones y reducción de sus importaciones.

Las necesidades bélicas de la segunda guerra mundial aceleraron la mejora de las tecnologías productivas de los países más industrializados, produjeron escasez de barcos mercantes, mayor dificultad de acceso a puertos europeos y estadounidenses. La consecuencia fue una gran ciada de las exportaciones agropecuarias argentinas que, redujo significativamente los puestos de trabajo, y el poder adquisitivo de los argentinos, así como el funcionamiento de sus incipientes, mal integrado y poco competitivas industrias.

Los gobiernos oligárquicos de la década del 1930 pusieron en marcha un exitoso proceso de protección de la producción agropecuaria, de desarrollo de la industria y de creación de la red de carretera nacional. Se bloqueó la importación de productos que hicieran competencia a los sectores industriales promovidos por sus efectos multiplicadores, como la construcción: se favoreció el compre nacional.

Las medidas de protección industrial se basaron en los ingresos generados por la producción agropecuaria. El resultado fue el mantenimiento de la producción y los puestos de trabajo agropecuarios y un fuerte aumento de los industriales. En 1941, por primera vez en la historia Argentina, el valor de la producción industrial supero la suma de las producciones agrícola y ganadera. Una gran contradicción desde el punto de vista tecnológico fue que los aranceles aduaneros fueron mayores para el ingreso de materias primas importadas que para el de maquinarias. A pesar de todo, la industria creció, en especial los sectores textiles, de fabricación de maquinarias eléctricas y la metalmecánica liviana.

Los mayores tecnólogos militares de la época fueron Enrique Mosconi y Manuel Savio. El presidente Marcelo T. de Alvear (1922-1928) encomendó al coronel moscón la revitalización de la dirección general de explotación del petróleo en Comodoro Rivadavia, creada por el presidente Roque Sáenz Peña y luego reorganizada por el presidente Hipólito Irigoyen bajo el nombre de Yacimiento Petrolíferos Fiscales. Moscón quien fue pionero de la aviación militar y creador de la fábrica Militar de aviones de Córdoba, dio un enorme impulso a la producción estatal de petróleo, obligando a los productores extranjeros a bajar sus precios, e hizo construir la refinería de La Plata (1925). Manuel Savio como director de la Escuela Superior Técnica del Ejército fue uno de los elaboradores de las políticas tecnológicas del ejército, y creador de Altos Hornos Zapla (1943). La políticas elaboradas en este periodo perduraron a través de todas las turbulencias instituciones y sociales de la época hasta 1975.

El gran crecimiento de la industria Argentina se dio en un marco de aislamiento exterior, de uso de insumos nacionales, de economía directa o indirectamente protegida y dirigida, de abastecimiento de un mercado interno surgido gracias al aumento de la capacidad adquisitiva de vastos sectores sociales, con importante participación de grandes empresas estatales, muchas de ellas militares. La industria creció porque no teníamos más remedio que hacer nosotros mismos lo que no podíamos comprar. Al no tener el incentivo para la innovación que da la competencia, sus productos fueron mucho más caros y con características técnicas obsoletas en comparación con sus equivalentes de los países más industrializados.

Durante todo el periodo la industria Argentina fue para la mayoría sinónima de mala calidad. La principal fue estética. Los productos europeos y estadounidenses de la época competían ferozmente, por la captura de los mercados. Se necesitaba seducir al consumidor.

El presidente Juan Domingo Perón (1946-1955) mantuvo durante sus dos primeros gobiernos las políticas de transferencia de ingresos agropecuarios hacia la industria iniciada la década infame y ahora centralizados en el IAPI (instituto Argentino para la promoción y el intercambio). Llevo a cabo además una redistribución del ingreso a favor de los sectores más pobres de la sociedad, incluida la clase media. Esto contribuyó a crear el mercado imprescindible para los productos de la industria, cuyo alto precio –hasta 1976 Argentina fue, en comparación con el resto del mundo, un país de alimentos baratos y artefactos caros) y obsolencia tecnológica le impedía competir en el exterior. Perón efectuó un masivo proceso de nacionalización de empresas.

La revolución libertadora mantuvo su orientación básica en los aspectos industriales. Creo las primeras instituciones específicamente abocadas a la promoción de saberes tecnológicos, se destacan entre ellas El instituto de tecnologías agropecuarias (INTA, 1956), el más eficaz e los organismos tecnológicos creados en el país, que desempeño un importante papel en la incorporación de tecnologías eficientes en las practicas agropecuarias. También creo el consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).

El presidente Arturo Frondizi comprendió la imposibilidad de financiar el crecimiento industrial solo en base a las exportaciones agropecuarias. En le marco de sus políticas desarrollistas se promocionaron las radicaciones de industrias pesadas.

El lapso de 1960-1974 fue el de mayor y sostenido crecimiento industrial del periodo. Con grandes limitaciones, la industria Argentina había alcanzado en 19756 una variada, una cantidad y un grado de integración que la habilitaban, si se daban las condiciones apropiadas a emprender la difícil pero necesaria etapa de competir en el mercado internacional.

CAPITULO SEIS:

EL LUCRO

Durante el periodo 1975-2001 se revertieron totalmente las políticas del Estado Benefactor para promover el pleno empleo, así como la industrialización autosuficiente y protegida. Este proceso comenzó con el Rodrigazo de 1975, cuyas medidas anticiparon las que entre 1976-1980 aplicaría el ministro de economía Martínez de Hoz.

Buena parte de lo acontecido en Argentina durante este periodo fue el reflejo de lo que sucedía en el resto del planeta como consecuencia del predominio de las actividades financieras y el auge de las políticas neoliberales. El encarecimiento del petróleo en 1973 aumento la disponibilidad de dinero (los llamados petrodólares), de los grandes productores de petróleo, los árabes, quienes los volcaron a actividades financieras. La abundante oferta de créditos, inicialmente, pero no permanentemente a muy bajas tasas de interés, fomentó un creciente endeudamiento de los países del Tercer Mundo, entre ellos Argentina.

Hubo al mismo tiempo un aceleramiento general de los desarrollos tecnológicos productivos y su integración en procesos cada vez más eficientes pero al mismo tiempo más complejos y piramidales. Este complejo carácter piramidal –tecnologías basadas en otras tecnologías, basadas a su vez en otras- aumento los requerimientos de capital y fomentó la concentración de las actividades productivas en grandes empresas.

Durante casi todo el periodo los gobiernos de Argentina no protegieron a los más débiles y pobres, fueron cómplices de los más fuertes y ricos y fomentaron un acelerado proceso de concentración y extranjerización de la industria, redistribución regresiva del ingreso, precarización de los puestos de trabajo, sectorización del acceso a las tecnologías para la cobertura de las necesidades básicas, estatización de las perdidas empresariales y privatización de ganancias, mayoritariamente giradas al exterior.

Producción y servicios

La productividad industrial aumento alrededor del 40 por ciento. La mejora de productividad se originó en la disminución de los salarios de los obreros, la realización de horas extras sin remuneración o pagadas como comunes (condición para preservar el trabajo) y, en el caso de las grandes industrias, el reemplazo de mano de obra por maquinaria. La mano de obra fue en la época y sigue siendo hoy sólo una mercancía sujeta a las leyes del mercado. Las nuevas políticas laborales fueron posibles porque la última dictadura militar puso especiales esfuerzos en la destrucción de la capacidad negociadora del proletariado mediante la desarticulación sindical, proceso cuyo éxito quedo en evidencia cuando las huelgas devinieron en piquetes.

En 1976 comenzó la apertura de los productos manufacturados extranjeros con gradual disminución de la protección arancelaria, salvo para la industria automotriz, protección que fue prácticamente anulada de modo indiscriminado por la gestión de Menem en la década de 1990, produciéndose un aluvión de productos importados.

No hubo desindustrialización salvo al final de este periodo, ya que la producción industrial siguió creciendo hasta 1998. Lo que sucedió fue un masivo y acelerado proceso de desnacionalización y redistribución de actividades. Desapareció la mayoría de las pequeñas empresas de mayor ocupación de mano de obra y aumento el numero y tamaño de los grandes concentrados industriales de menor requerimiento de personal, fenómeno que se expresó por ejemplo en la proliferación de supermercados.

Disminuyó mucho la variedad de las manufacturas Argentinas, fenómeno constatado por la inexistencia de versiones nacionales, calzados deportivos, televisores. La producción se volcó a productos exportables de escaso nivel de elaboración y bajo valor agregado. La industria alimentaría conservó su tradicional rol central, seguido por la industria química, donde el oligopolio de fabricación de medicamentos disminuyó la cantidad de productos pero aumento su recaudación; la industria Argentina electrónica y de electrodomésticos se redujo a meneos de la mitad. La industria textil y metalmecánica liviana grandes demandante de mano de obra, fueron las q más se redujeron. La producción industrial estuvo concentrada en rubros donde unas pocas grandes empresas generaron la mayor parte del producto y las más altas tasas de ganancias, como la extracción de petróleo, la siderurgia, la petroquímica, el cemento y los alimento de consumo masivo.

Exportábamos los alimentos que les faltaban a los más pobres, e importábamos productos, como los electrónicos de última generación para los más ricos, algunos de ellos exentos de derechos aduaneros como por ejemplo las joyas.

En la época del peso barato las inversiones extranjeras no crearon nuevas industrias, compraron las ya existentes. Se arrendaron o vendieron los más valiosos bienes del Estado a una fracción de su valor real, supuestamente para disminuir la deuda externa. Se privatizaron, entre muchas otras, la empresa siderúrgica estatal SOMISA y la petroquímica de Bahía Blanca. También paso a manos privadas una de las más grandes empresas mundiales del rubro petrolífero, Yacimiento petrolíferos fiscales (YPF), que había hecho la mayor parte de la exploración de cuencas.

Las principales justificaciones de las privatizaciones fueron la ineficiencia de las empresas (se repetía incansablemente que el Estado era un mal administrador) y la inexistencia de los recursos necesarios para actualizar la infraestructura. Mientras la empresa estatal ENTEL no había sido capaz de actualizar sus tecnologías y satisfacer las enormes demandas de conexiones, Gas del Estado había canalizado con grandes gasoductos el gas hasta entonces venteado de los yacimientos. El gasoducto Comodoro Rivadavia- Buenos Aires en su momento el más largo del mundo, superando barreras tecnológicas que los grandes países industrializados consideraban insalvables. La mayoría de las empresas privatizadas hizo sólo (y a veces ni siquiera eso) las inversiones necesarias para el mantenimiento del servicio, no para su ampliación.

Como consecuencia de la convertibilidad (1991-2001) el dólar se hizo más barato, fue mejor negocio para el capital extranjero prestar servicios caros y remesar sin restricciones utilidades al exterior que tratar de producir y vender en un mercado interno inundado de productos importados. La privatización de los servicios esenciales fue un gran negocio para los inversores, aunque no para los usuarios.

La ganadería se hizo comparativamente menos rentable y su producción disminuyó a pesar de los nuevos mercados abiertos por la crisis europea de la vaca loca y la erradicación de la aftosa en todo el territorio argentino. El 80 por ciento de los productores de algodón del Chaco y Formosa eran minifundista sin capital ni actualización tecnológica, y aunque el reemplazo de los braceros por cosechadoras mecánicas bajó a menos de la mitad el costo de la recolección. El 91 por ciento de los fruticultores de Río Negro tenía menos de 25 hectáreas, un porcentaje elevado de su fruta era de baja calidad y debía ser transformada en jugos, la mayoría de las plantaciones necesitaba reconversión, mejores empaques y facilidades de almacenamiento. La producción de fruta de calidad, cuya recolección es necesariamente manual, brindó la oportunidad desaprovechada de ocupar mucha mano de obra. Salvo el asesoramiento del INTA, no hubo políticas sistemáticas de actualización tecnológica de los pequeños agricultores, aun la de los agrupados en cooperativas, cuya acción se vio poco menos imposibilitada por las altísimas tasas de interés de créditos que eran salvavidas de plomo.

A modo de balance.

Las políticas industriales activas de la dictadura militar y las presidencias de Menem, así como las políticas pasivas del Statu quo de los presidentes Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando De la Rúa (1999-2001), asestaron un golpe casi mortal a una industria que en 1975 estaba en franco despegue y comenzando a adquirir las características indispensables para competir en un mercado abierto.

Durante el periodo 1975-2001 el principal objetivo de las tecnologías en Argentina no fue la mejor satisfacción de las necesidades básicas de sus habitantes, sino el gran enriquecimiento de unos pocos nativos y extranjeros a costa de la mayoría de los argentinos.

CAPITULO SIETE:

EL AUGE DE LA SOJA

Los capítulos previos esbozaron los rasgos más importantes de casi cuatro siglos y medio del uso de tecnologías en Argentina, desde la primera entrada de los conquistadores castellanos al territorio hasta la caída de la convertibilidad a comienzos de 2002. Es conveniente hacer un análisis detallado de un caso concreto donde se pongan en evidencia tanto aspectos técnicos, sociales y ambientales, como los fuertes condicionamientos que las finalidades imponen a las elecciones de las tecnologías. En ejemplo optimo para tal discusión es la revolución que implico la implantación masiva del cultivo de soja transgénica con sus fuertes, variadas y complejas facetas tecnológicas, económicas, sociales y ambientales.

En 1975 el cultivo de soja en Argentina era aún marginal; menos del 1 por ciento de la producción total de granos, y estaba concentrada en la provincia de Misiones. Su cultivo se generalizó porque podía comenzar después de la cosecha de trigo, aumentando así de modo apreciable la productividad agrícola. Su uso racional en un proceso de rotación de cultivos imprescindible para la conservación de la fertilidad del suelo, permite un promedio de tres cosechas cada 2 años, con un significativo aumento de la rentabilidad agrícola. Esta rentabilidad es aún mayor por el aporte adicional de los cambios en las técnicas de labranza, siembra y erradicación de malezas, así como el menor requerimiento de abonos.

El cultivo de soja no es exclusivo de la región pampeana, se ha extendido con sorprendente rapidez. Entre 1990 y 2001 el cultivo de soja aumentó un 250 por ciento. En 2003 se convirtió en el principal producto agrícola argentino y el generador del 45 por ciento de las exportaciones del rubro.

Fertilidad y malezas

Para su buen desarrollo las plantas extraen nutrientes del suelo, donde los más escasos son el fósforo y el nitrógeno. El suelo fértil es un recurso renovable solo si se le reponen el nitrógeno y el fósforo extraído por los cultivos. De lo contrario disminuye la producción alimentaría.

La reposición de la fertilidad se hizo tradicionalmente de tres maneras distintas:

  1. dejar el suelo sin cultivar un año de cada dos o tres (el barbecho), alternativa hoy en día no viable por razones económicas.
  2. método muy usado por lo terratenientes pampeanos de las primeras décadas del siglo XX, es alternar los cultivos con la siembra de alfalfa y su pastura por ganado vacuno o caballar, cuya bosta sirve como abono.
  3. método todavía usado en el norte argentino para mantener la fertilidad de los terrenos usados en el cultivo de tabaco, es sembrar leguminosas (por ejemplo arvejas) al final de la cosecha y enterrar las plantas con el arado después que fructificaron.

Los dos últimos métodos tienen la misma base. Hoy en día se usan abonos sintéticos fabricados a partir del nitrógeno del aire.

La cantidad de fertilizantes usados en Argentina es muy inferior a la de Estados Unidos y los países europeos. Aunque en los últimos 15 años el uso de fertilizantes agrícolas se multiplicó por 8, algunos científicos estiman que durante 2003 los cultivos de soja extrajeron del suelo argentino aproximadamente 1.000.000 de toneladas de nitrógeno y unas 200.000 de fósforo. Esta pérdida de fertilidad del suelo no puede continuar indefinidamente y en algún momento la cosecha se hará en viable. El problema no es exclusivo de la soja sino común a todos los cultivos; cuando no se toman medidas correctivas, el resultado de cualquier producción agrícola es la perdida de fertilidad del suelo.

Cuando se hacen cultivos intensivos con más de una cosecha anual es crítico eliminar la competencia de las malezas por los nutrientes del suelo, lo que puede hacerse de tres modos diferentes:

1. El primero es pasar el arado enterrando las malezas, que sirven entonces de nutrientes, previamente a la siembra. Este método es rápido pero agresivo para el suelo.

2. El segundo método es eliminar manualmente las malezas, una por una y diferenciándolas bien de los brotes de cultivo, método de alto costo en mano de obra.

3.El tercer método, el más barato es matar los yuyos con herbicidas. El problema es que los herbicidas comunes matan también a los cultivos y sus residuos son tóxicos para las personas y el ganado.

La empresa de semillas y agroquímicos Monsanto desarrolló en la década de 1970 una familia de herbicidas basados en sustancias químicas genéricamente denominados Glifosatos, que comercializó bajo la marca Roundup. Además de ser letales para la mayoría de las malezas en dosis comparativamente bajas, los Glifosatos eran menos tóxicos para las personas y los animales que otros herbicidas entonces en uso. Los estudios mostraron también que no eran absorbidos por los cultivos y se descomponían naturalmente en el suelo a corto tiempo la resistencia a la descomposición fue una de las principales causas de la prohibición del hoy desaparecido DDT. Esto llevó al desarrollo de técnicas genéticas.

Desde tiempos prehistóricos el desarrollo de la agricultura y la ganadería se baso en la selección deliberada de rasgos deseados mediante la selección de crías y el control de la reproducción de los organismos. Se logro así por ejemplo pasar de las carnes magras de los vacunos salvajes a las suculentas de los ganados de hoy. Como los rasgos deseados no se podían generar a voluntad, había que esperar su aparición natural. La reciente dilucidación científica de los procesos de la herencia hizo posible la selección de rasgos genéticos en tiempos muy cortos. El desarrollo de las tecnologías para ello fue el origen de la revolución verde de la década de 1960, que aumento significativamente el rendimiento de las cosechas de cereales y oleaginosas. La ingeniería genética desarrollo luego exitosamente las técnicas para la implantación en organismos de genes, es decir de características que naturalmente no tenia, mediante la acción de algunas bacterias. Estos organismos transgénicos u organismos genéticamente modificados son cada vez más numerosos y se usan entre otras aplicaciones para la producción de medicamentos como por ejemplo la insulina. El 52 por ciento del maíz que se siembra hoy en la Argentina pertenece a la variedad transgénica bt que tiene el importante rasgo de ser resistente a sus principales enemigos naturales los insectos barredores del tallo.

A poco tiempo de comenzar el uso de herbicidas se descubrió que unas pocas plantas eran resistentes a ellos. Las investigaciones hachas por Monsanto permitieron identificar el gen que brindaba resistencia a los herbicidas basados en glifosatos. En 1991 la empresa patento las primeras variedades de soja transgénica que tenían implantado ese gen, al que denominaron RR (Roundup Ready: resistencia al herbicida Roundup). Con este desarrollo Monsanto logro vincular por medio de las actividades productivas los que hasta entonces eran dos aspectos completamente independientes del cultivo de soja: la producción de semillas y la eliminación de malezas.

Argentina fue en 1996, uno de los principales países en comenzar a usar la soja transgénica, junto a Estados Unidos y Canadá. Brasil en cambio no permitió su cultivo durante varios años.

La soja es un cultivo dominante, su expansión ha desplazado a otros cultivos tradicionales y a la ganadería. El resultado ha sido una significativa disminución en la variedad de modo de aprovechamiento de los suelos. Argentina tiene una amplia gama de tipos de suelo y climas que permiten una mayor variedad de cultivos que los ya existentes, algunos tanto a más rentables que la soja. La rotación de cultivos entre sí y con la ganadería favorece la conservación de la fertilidad del suelo, consideración que debería ser determinante si se posee una visión a largo plazo

Nuevos métodos de cultivo.

Unos dos o tres meses antes de cualquier siembra hay que hacer labranza, la preparación del suelo para recibirla. La labranza tradicional se hace con arado de reja que corta la tierra y vertedera que levanta e invierte su capa superior. El entierro de las malezas y los residuos vegetales de la última cosecha produce su descomposición y facilita su asimilación, al tiempo que despeja la superficie para la siembra. Luego de pasado el arado se fragmentan los terrones con las rastras de discos y dientes, lo que afloja, airea y homogeneíza la tierra, favoreciendo así su pareja humectación, importante tanto para la descomposición de las malezas enterradas como para la buena dispersión de abonos y herbicidas. La desventaja de este tipo de labranza es que favorece la erosión: el arrastre del suelo y el lavado, por infiltración de los nutrientes necesarios para el cultivo. Por esta razón y por el costo que agrega a la producción, la labranza con arado ha sido mayoritariamente abandonada y reemplazada por métodos menos agresivos de preparación del terreno. En el método de siembra directa o labranza cero no se rompe el suelo, los restos de la cosecha anterior quedan en la superficie formando el rastrojo y las malezas se matan con herbicidas.

Al disminuir el tiempo invertido en las tareas previas de labranza, se hace posible la doble cosecha. La siembra directa también disminuye los costos y la erosión, pero no asegura la reposición del carbono extraído con los cultivos y favorece la propagación de malezas leñosas. Para evitar efectos perjudiciales su uso requiere medidas complementarias que algunos productores desconocen.

La incorporación y actualización de tecnologías fue el factor clave en el éxito de los cultivos de soja la actualización de tecnologías requiere inversiones en equipamiento, insumos, nuevos modelos de gestión, capacitación de mano de obra y asesoramiento especializados.

En la década de 1970 algunos pequeños y medianos productores aprovecharon la apertura de las importaciones para adquirir maquinarias en exceso de sus necesidades y comenzaron a usarlas para prestar servicio a otros productores Estos tanteros (llamados así porque usualmente trabajan por un porcentaje de la cosecha), generaron un importante aumento de eficiencia de la producción agraria en base a los importantes principios tecnológicos de división del trabajo y de economía de escala.

Los tanteros son una punta de lanza de la introducción en el mundo rural de variadas tecnologías, utilizan maquinas con aire acondicionado en la cabina y detector de posición GPS, están equipadas con dispositivos computarizados que controla la nivelación del terreno, la profundidad de la siembra, la humedad del grano, la altura del corte y toda otra información que asegure una tarea eficiente. Los operarios usa teléfonos celulares y las casas rodantes cuentan con TV. satelital y acceso a Internet.

Los avances tecnológicos tienen un interesante margen de mejoras que fácilmente puede hacerse en el país.

En el corto lapso de 1997 a 2003 cuando la desocupación del resto del país crecía a pasos se crearon en el campo unos 270.000 nuevos puestos de trabajo. Entre 1985 y 2005 se duplicó la producción de cereales y oleaginosas y la cantidad de puestos de trabajo agroindustriales aumento más del 30 por ciento.

La disponibilidad de infraestructura tecnológica eficiente, en particular la del transporte, tendría un fuerte impacto general sobre todas las actividades productivas del interior del país. Por ejemplo, para poder venderse a los mercados asiáticos (particularmente a China) la producción de la mayoría de las regiones andinas debe embarcarse en Buenos Aires en vez de salir directamente al Pacífico vía Chile. Si se habilitarán vías directas, la resultante en el valor de los fletes haría más competitivos productos diferentes de la soja y tanto o más rentable que ella.

En todas las actividades con fines de lucro la minimización de las inversiones y la maximización de su rentabilidad es la consideración primaria para la actualización tecnológica. Así los precios de los insumos tecnológicos son determinantes. Hubo un gran aumento el uso a base de glifosato cuando su precio bajó al caducar la patente. La semilla de soja transgénica es barata en Argentina porque Monsanto no patentó allí el transgén RR, de modo que cualquier empresa semillera puede venderla y los productores pueden usar la propia sin pagar derechos. Actualmente y a corto plazo la actualización tecnológica es mucho más rentable en el cultivo de la soja que en otros productos agrícolas y la ganadería.

Aspectos ambientales

Hay dos grandes tipos de problemas ambientales: los de los ecosistemas vegetales y animales y los que afectan a las personas. El negocio de la soja estimuló el avance de las fronteras productivas sobra las regiones hasta entonces relativamente vírgenes de la provincia de Córdoba y el noroeste argentino. En la región Chaqueña entre 1969 y 1999 la superficie de bosques se redujo un 85 por ciento.

En Tucumán fue afectada la casi totalidad de la selva pedemontana. En la provincia de Salta, que ya tenía la tasa de deforestación más elevada del país en los últimos 30 años se talaron para uso agrícola 600 mil hectáreas de bosque nativo de quebracho, palo santo, duraznillo y otras especies nativas, la bonaza sojera acelero marcadamente el proceso.

Si se mantiene la actual tasa de deforestación a fines del siglo XXI no quedarán más selvas pedemontanas planos en toda la región. La deforestación irracional modifica la naturaleza del suelo (fertilidad y humedad), el régimen de las aguas (erosión y cuencas hídricas) y el clima (temperatura y precipitaciones), con consecuencias imprevisibles que pueden en cierta medida ser catastrófico para las personas y los cultivos.

Es necesario reconocer y, obrar en consecuencia, que el avance agrícola del noroeste no surge sólo del afán de lucro. La región casi no tiene industria y su principal fuente de riqueza son los cultivos agrícolas de las planicies y el piedemonte.

Los principales problemas ambientales humanos y animales provienen del uso de productos químicos en cultivos, cuya cantidad casi se cuadriplicó entre 1990 y 2003. Disminuyó el de insecticidas y fungicidas, pero aumentó considerablemente el de fertilizantes y herbicidas, en particular Glifosato. Todos estos productos pueden contaminar las napas de agua afectando a las poblaciones y la ganadería de la zona.

Ya no es válido aducir que hay poca conciencia de los problemas ambientales; lo que con frecuencia sucede es que priman consideraciones económicas de corto plazo.

Aspectos sociales

La disminución de la variedad de cultivos acarrea un alto riesgo si llegan a producirse variaciones en el clima hoy predominante. La inseguridad económica es uno de los factores del creciente despoblamiento del campo. Otro de los factores es que la mejora de las tecnologías agropecuarias ha disminuido drásticamente la demanda de mano de obra rural. La consecuencia es que la población rural migra a las grandes ciudades en busca de mejores trabajos, servicios y diversión.

Conclusión

Es imposible separar los aspectos tecnológicos de los ambientales y sociales ya que el fenómeno tecnológico los engloba a todos. Como se expone en el caso de la soja, la elección de tecnologías, que en todas las actividades productivas está prioritariamente determinada por la rentabilidad, puede tener drásticos y extendidos efectos ambientales y sociales. La compresión del fenómeno y la dilucidación de las causas y efectos son acciones que deben ser realizadas y estimuladas por la organización social como un todo, es decir por los gobiernos nacional y provinciales, en defensa de las personas, e especial las más débiles, y el medio ambiente.

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