SINTESIS DEL LIBRO DE MARISTELLA SVAMPA “LA ARGENTINA BAJO EL SIGNO DEL NEOLIBERALISMO”
LUCIANA JUARROS
GEOGRAFIA DE ARGENTINA II
SUSANA ILARI
INSTITUTO SUPERIOR DE PROFESORADO Nº7 “BRIGADIER ESTANISLAO LOPEZ”
CICLO LECTIVO 2010
Comparar la Argentina actual con la de tres décadas atrás es un ejercicio inquietante. Son tantos y tan grandes los cambios, que no es exagerado afirmar que se trata de dos países diferentes. En la base de esa verdadera metamorfosis estructural se encuentra la aplicación inflexible del neoliberalismo. Si bien las políticas que derivan de esa doctrina son hoy predominantes en el mundo, es en países como el nuestro, eufemísticamente denominados "emergentes", donde sus efectos son más dramáticos. La fuerte desregulación económica, combinada con el debilitamiento desmedido de las funciones del Estado, sumaron nuevos y más agudos focos de exclusión social a los ya existentes. Lo que verdaderamente emergió en la Argentina de los últimos años es una nueva sociedad, caracterizada por la polarización y la heterogeneidad.
¿Qué tipo de sociedad fue la resultante de las políticas neoliberales aplicadas en Argentina durante la década del ’90? Este interrogante, tan ambicioso como necesario, es el motor de las reflexiones que Maristella Svampa desarrolla en su libro.
Para ello recurre a cierta tradición crítica de la sociología política que, apoyándose en los cambios económicos instrumentados durante este período, delinea luego los rasgos del modelo de dominación política que los posibilitaron. Dos puntos de inflexión, según la autora, marcaron la historia previa de la
década neoliberal en Argentina. Por un lado, el accionar de la última dictadura militar, que se propuso, a un tiempo, modificar las bases materiales de la sociedad y acabar con el ciclo ascendente de movilización social y política de las clases subalternas. Por otro lado, la crisis hiperinflacionaria de 1989, la cual no sólo produjo una brutal redistribución regresiva de la renta nacional, sino que marcó a fuego el imaginario colectivo de la sociedad argentina mediante “el fantasma de la híper”. Con estos quiebres históricos traumáticamente inscriptos en el cuerpo social, se inaugura el período de gobierno de Menem.
En este sentido, la paridad de la moneda nacional con el dólar, la apertura comercial, la desregulación de la economía, configuraron una política económica de shock que logró detener la hiperinflación y disminuir la pobreza, pero al costo de la quiebra de pequeñas y medianas empresas, la “reprimarización de la economía”, el incremento incesante del desempleo y la dualización de la sociedad. Si la hiperinflación aparece como un “fantasma” de un pasado traumático al cual no se quiere retornar, la estabilidad ganada por la convertibilidad hará las veces de “fantasía” social de un primer mundo finalmente alcanzado. El miedo al pasado, la ilusión de un futuro de bienestar, justificarán el discurso de la “cirugía sin anestesia”. El gobierno de Menem logrará, de esta manera, la subordinación de los tiempos político-institucionales a las reformas inmediatas que exige una realidad gobernada por la emergencia permanente.
En cuanto a las modalidades concretas que revistió la instrumentación de las reformas neoliberales, Svampa señala cómo la etapa neoliberal supuso un vinculo mucho más estrecho entre los sectores dominantes y los dos partidos políticos mayoritarios, vínculo construido a partir de una estrategia de “colonización” y cooptación ideológica del discurso económico liberal, que daría lugar a un nuevo modelo de dominación.
Esta estrategia de “colonización” habría permitido a las clases dominantes lograr realizar los cambios que pretendían a través de su antiguo “adversario histórico”, el peronismo, en quien habrían encontrado un aliado inesperado. A ello se agregaría la consumación de una “comunidad de negocios” entre técnicos y especialistas –empleados alternativamente por grupos privados y por dependencias estatales–, empresarios y funcionarios políticos, que se beneficiaron directamente con las reformas implementadas.
Tres factores son importantes para la aplicación del neoliberalismo: la sumisión de la política a
la economía, la acentuación de la tradición hiperpresidencialista y decisionista de la democracia argentina, y un nuevo estilo de gestión y administración públicas fomentado por los organismos de
crédito internacionales. Como bien subraya Svampa, la subordinación de la política a la economía garantizó la naturalización de las reformas neoliberales, produciendo una despolitización de la
instancia decisoria y acentuando la imagen de inevitabilidad de las políticas implementadas. La tradición personalista y populista del peronismo, a su vez, hizo las veces de vehículo para el
reforzamiento de la soberanía presidencial en reemplazo de un centro estatal vaciado. La concentración del poder en el Ejecutivo, el estilo político decisionista y el gobierno permanente bajo condiciones de excepción se convirtieron en rasgos característicos de la democracia argentina, y explican, en gran medida, la celeridad con la que se consumó el proceso. El nuevo tipo de gestión pública, por su parte, se asentaría en la exigencia de profesionalización, la descentralización
administrativa y la focalización de las políticas sociales. La descentralización de competencias y la
focalización de las políticas sociales promovieron la consolidación de una extensa red clientelar de punteros políticos destinada a contener, controlar y subordinar a las clases populares, constituyendo
una matriz asistencial de dominio. Esta matriz no sólo permitió contener socialmente los estragos que las políticas económicas irían produciendo en el tejido social, sino que actuó también, en gran medida, como dispositivo de desarticulación de todo intento de auto organización popular.
El Estado desplegó una estrategia de reforzamiento del sistema represivo para contener la protesta social, criminalizando a las clases populares que se rebelaban contra el clientelismo político
en los barrios.
En la segunda parte, el análisis de Svampa da cuenta de la dialéctica entre los cambios estructurales acaecidos y las prácticas sociales de las diferentes clases.
La conclusión es inequívoca: el régimen neoliberal conllevó, para las diferentes clases sociales, una modificación profunda en la distribución del poder social: la pérdida del peso relativo de las clases medias y populares y la consiguiente concentración de los poderes económicos y políticos en las clases
altas. El período se caracteriza por una fuerte concentración, centralización y extranjerización de la economía, signada por la alianza entre empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales. Esta alianza sostuvo una relación privilegiada con el Estado, encontrando nuevas posibilidades de generación de beneficios a través de la privatización de los servicios públicos y el desguace de las empresas estatales.
Los trabajadores se vieron especialmente afectados por los procesos de desindustrialización, la precarización de las relaciones laborales y el incremento del desempleo. Esta orientación estructural
de la economía argentina produjo, según la autora, una separación entre el mundo popular urbano y el mundo del trabajo formal, proceso representado en la territorialización de las clases populares. “El pasaje de la fábrica al barrio” significó la ruptura de los marcos sociales e identitarios de los trabajadores, así como la mutación de los tradicionales lazos políticos y culturales que los ligaban con el movimiento peronista. En este sentido, es importante destacar, junto con la autora, que la
centralidad del territorio como espacio de oportunidades para las estrategias de supervivencia popular fue reforzada por la descentralización y la focalización de las políticas sociales. Las relaciones de las clases populares con el Estado estarán condicionadas, de aquí en más, por las redes asistenciales del clientelismo político y por la figura del “militante social”, mediador en la gestión de las necesidades básicas populares. Esta matriz asistencial de dominio encontrará sus límites a partir de la emergencia
de las organizaciones de trabajadores desocupados, construidas al margen y contra las estructuras clientelares del partido Justicialista.
En cuanto a este proceso de territorialización de las clases populares, merece ser subrayada la tensión que señala Svampa en torno a la autonomía.
La autonomía no sólo representa los intentos de construcción de poder popular desde los barrios; manifiesta, también, ciertas estrategias de empowerment fomentadas por los organismos internacionales de crédito, que procuran transferir el costo del ajuste a las comunidades locales. Al tiempo que damos cuenta del potencial anticapitalista de algunas experiencias de poder popular, debemos considerar la manera en la cual el capitalismo contemporáneo interpela a un individuo activamente responsable y a una comunidad autogobernada.
Como lo resalta la autora, cada vez más se apela a la “autonomía” del sujeto ciudadano, a su capacidad de elaborar directamente las herramientas que le permitan competir y sobrevivir en el mercado.
El vaciamiento de las capacidades estatales, especialmente aquellas vinculadas a la esfera de la reproducción (servicios públicos, salario indirecto, programas de ayuda social, etc.), dio
paso a una estrategia basada en el empowerment social de los sujetos colectivos e individuales, anteriormente “asistidos” por las regulaciones estatales.
Es así como los organismos de crédito internacionales están dispuestos a solventar y fortalecer los activos de la sociedad civil para que gestionen su propia pobreza, al tiempo que se les exige el ejercicio de una especie de “control ciudadano” sobre la aplicación de los ajustados presupuestos públicos.
Svampa afirma que llegamos al fin de la “excepcionalidad argentina” en el contexto latinoamericano. La matriz social fundada en el Estado benefactor –en su versión nacional popular y nacional desarrollista–, gobernada por una lógica igualitaria que promovió el desarrollo de una importante clase media y la integración progresiva de sectores significativos de las clases populares, llegó
a su término. De esta manera, se constituyen los contornos de una sociedad excluyente, cuya dinámica estructural disociará de manera permanente el crecimiento y la modernización económica
del bienestar del conjunto de la sociedad.
Este corolario, en fin, no sólo habla de nuestro pasado reciente, caracteriza un presente en que la euforia con la que se exhiben los indicadores de crecimiento de la economía argentina no logra ocultar la trágica fractura de una sociedad que no puede desarrollarse sin excluir y marginar a la mayor parte de su población.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Algo puede ser más doloroso que una cirugía sin anestesia?? Los que tenemos conciencia de aquellos tiempos sabemos que no! mi cuerpo y mi alma no se olvidarán nunca de ese dolor !!!! Quiero empezar por puntualizar algunos puntos que hablan a las claras del cambio de paradigma de este último tiempo: * se recuperó la política!!!! * la Asignación Universal por Hijo terminó con los punteros * Adiós !! al FMI mellando nuestra soberanía !! * no se reprime la protesta social * volvieron las paritarias !!!* aplicación de políticas redistributivas (también redistribución cultural) con el objetivo de incluirnos a "todoosss". El jueves llevo mi trabajo del postítulo para compartirlo con ustedes!!! "Fragmentación y segregación..." saludos a todooss!!!! Marina
ResponderEliminar